ESTADOS UNIDOS.- Todd Helton ahora lleva regularmente a sus dos hijas a la escuela u otras actividades en su lugar de residencia en Tennessee, un enorme cambio de vida para el ex primera base estelar de los Rockies de Colorado.

El ex pelotero no tenía idea de que alejarse del béisbol sería un ajuste tan abrumador y agobiante. La rutina diaria que se había convertido en parte de su ADN _las charlas, la práctica de bateo, los partidos_ ha sido reemplazada por un rol de chofer de los niños, ayudar con las tareas de la casa y jugar un poco de golf.

“Fue la cosa más dura que he hecho en mi vida”, declaró Helton. “He sido un beisbolista desde que aprendí a caminar, siempre supe que iba a ser un jugador de béisbol”.

Pero al tiempo que inicia una nueva temporada de Grandes Ligas, muchos ex jugadores empiezan a darse cuenta qué difícil es dejarlo.

Adiós a los juegos de inicio de campaña. Ya no sienten la adrenalina que genera el batear con casa llena y dos outs frente a 40.000 frenéticos aficionados. Atrás ha quedado la camaradería en el clubhouse, y el compartir la meta de llegar a la Serie Mundial.

Los vuelos, los hoteles, los cazadores de autógrafos y, sin duda, el dinero. Pero una estructura armada completamente en torno a estar en el estadio, de pronto es reemplazada por tareas mundanas que nadie atestigua.

“Uno se hace a un lado y el juego continua sin uno, sin importar qué tan grande fue”, aseveró el ex jardinero Randy Winn. “Y hay algunos jugadores en verdad grandiosos que uno los ve por ahí y ya no están jugando: campeones del mundo, de Juego de Estrellas, Barry (Bonds) pasea por ahí al igual que algunos de los mejores de todos los tiempos. Y el juego continúa. Hay jugadores más jóvenes que llegan y empiezan a dar de qué hablar. Eso quizá no sea lo más difícil pero es una sensación de ‘¿Qué me espera?’, y eso es lo más duro”.