Desliz / 90 periodistas en exilio

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Diecinueve meses de terror, han sentido nuestros hermanos periodistas de Nicaragua.

En la víspera de la Conferencia Latinoamericana de Periodismo de Investigación, inaugurada la noche de ayer en un evento en el museo nacional de antropología e historia. Nos enfrentamos – en lo particular – a un acondicionamiento sobre lo que podría ser el futuro de México en materia de libertades.

Carlos Fernando Chamorro, periodista y testigo de la historia de represión sucedida en Nicaragua, nos describió las atrocidades del gobierno de Ortega, con la bandera de la Revolución Sandinista, y los restos de la guerra civil y la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional.

Antes de esto se podía ejercer el periodismo con las consecuencias de las represarías del gobierno. No existía libertad plena ni de prensa ni acceso a la información pública, había exclusión, existiendo el control del monopolio de la radio y la televisión.

En su disertación magistral y con lágrimas en los ojos, nos narra cómo se abrió un episodio de protestas populares por «ciudadanos autoconvocados».

El día 18 en León fueron atacadas personas de la tercera edad y golpearon y robaron a periodistas sin que la policía llegara a intervenir. Por parte de la oposición al gobierno se identificó a esos grupos violentos como colectivos de la Juventud Sandinista y fuerzas de choque, mientras que la versión oficial señalaba que eran grupos pagados por la «derecha» (refiriéndose a la oposición) los que habían causado desorden público. Se siguieron realizando marchas masivas en contra del gobierno, una de ellas fue la marcha hacia la Universidad Politécnica UPOLi del 23 de abril.

Durante las protestas y los actos violentos que las rodearon, así como la actuación de las fuerzas de orden público y grupos incontrolados, se produjo la muerte de entre 450 y 535 personas y la desaparición de 1.300 personas, según datos de la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (ANPDH)​, en tanto que según la CIDH, señalo la cifra de fallecidos rondaría los 212.

El gobierno nicaragüense aduce que solamente hubo 200 muertos y acusa a los manifestantes de la mayor parte de las mismas. Numerosos heridos y muertos tenían heridas de bala de fusiles de asalto, principalmente AK-47, y sus trayectorias reflejaban que se había disparado «a matar» y desde sitios privilegiados.

Diversos medios de comunicación fueron cerrados (las revistas digitales Confidencial y Niú, los programas televisivos Esta Semana y Esta Noche y el canal 100% Noticias. Los periodistas que allí trabajaban, como Miguel Mora Barberena, Lucía Pineda Ubau y Verónica Chávez, fueron arrestados, incomunicados y, presuntamente, torturados por la policía.

Los periodistas Luis Galeano, Jackson Orozco y Leticia Gaitan tuvieron que huir del país para evitar ser detenidos luego de haber quedado en evidencia su actuar parcializado mediante la reproducción de contenido falso y de su participación directa en procesos de incitación al odio y a la violencia.

En tanto, el periodista opositor Jaime Arellano, salió del país por su libre voluntad para someterse a tratamientos médicos de acuerdo a la videograbación publicada por él mismo en diversos medios de comunicación y en plataformas de redes sociales.

El 21 de abril el periodista Ángel Eduardo Gahona López, fue asesinado mientras cubría en directo, y a través del Facebook Live​ del Noticiero El Meridiano, las protestas y su asesinato continua impune.

Carlos Fernando, durante su conferencia magistral, expuso lo que podría ser México, a consecuencia de la polarización, la división del país y el discurso de odio emanado desde el poder que tiene la Presidencia de la República.

En estos 19 meses, en Nicaragua se han concentrado todos los crímenes contra la libertad de expresión y contra la prensa, asesinatos de periodistas, destrucción de medios, bloqueo aduanero, censura en radio y televisión, el desplazamiento forzado interno, exilio de varios periodistas, intimidación y criminalización del ejercicio periodístico y el encarcelamiento de dos periodistas sin juicios y 90 exiliados en Costa Rica.

Y a pesar de la persecución, la censura, de la represión y del cierre de medios, la prensa nicaragüense no ha callado ni se ha sometido a la censura. Que tan efectiva es la prensa para investigar, contar historias y preservar la credibilidad en medio de una crisis humanitaria en la cual no solamente se veneran los derechos establecidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ante una extensión del estado de derecho.

Hasta donde se tuvo que llegar para esta rebelión social que afectó a la ciudadanía y dividió a la prensa, cuando Nicaragua no era noticia a nivel internacional y como ha dejado de ser noticia luego de 18 meses ahora que no existen barricadas en la ciudad, manifestaciones y movimientos masivos, originando un estado de facto o de sitio.

Ortega sigue atornillado al poder y mucha gente se pregunta ¿porqué?

Este régimen, que persigue a la prensa, es el resultado de más de una década de un régimen autoritario y de concentración de todos los resortes de los poderes del estado, la fiscalía, la corte suprema, los cuartos camarales, la policía, el ejército y la guardia nacional. Además de seguir contando con el apoyo sólido del 40 por ciento del electorado.

Ortega llegó al poder en una elección en 2007, después de estar 16 años en la oposición ganó en la primera vuelta con el 38 % de los votos por una regla particular que nació entre el ex presidente Arnoldo Alemán, que permite ganar en Nicaragua en la primera vuelta con el 35 % de los votos y con una mínima diferencia de 5 % del segundo candidato. Es decir que a diferencia de Evo Morales, Chaves y otros que han ganado por una marejada de votos, este dividió a la ciudadanía capturando al electorado desde abajo con dádivas y exprimiendo a las instituciones sociales.

Hay una falsa narrativa oficial de una supuesta segunda etapa de la revolución sandinista, dicha revolución temieron en 1990, con la derrota electoral y desde entonces hubo 3 gobiernos distintos; Ortega regresa al poder en 2007, e instaura un régimen que políticamente es autoritario, intolerante a la crítica, económicamente cerrado, un gobierno neoliberal, un gobierno asistencialista en lo social y con una retórica socialista, pero con valores conservadores que incluyen la penalización del aborto terapéutico.

10 años antes de Bolsonaro y Trump; Ortega declaró a la prensa el enemigo. Acusó a la prensa de ser los hijos de Gebels y desde sus primeros meses declaró una actitud confortativa con los comunicadores.

Casualidades o semejanza, la narrativa del maestro Carlos Fernando Chamorro, periodista independiente de Nicaragua, quien relató los horrores vividos.

Un escenario que estamos viviendo los comunicadores en México, con este nuevo régimen el cual ya está dividido y polarizado.

¿Qué sigue? O ¿Quién sigue?

A «chambear».

@gildogarza

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