Cavilando en el trono / Otro día más en Tamaulipas

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La recién confirmada muerte de un niño a manos del ex empleado de su padre, ha conmovido a la ciudadanía que habita en la cada día más sobajada, violenta y corrupta, Ciudad Victoria, capital de Tamaulipas, Estado de muerte, desolación, violencia, indolencia y desapego por la vida.
La muerte confirmada de un niño a quien le fueron truncados y arrancados sin piedad, sus sueños, su futuro, su energía, su vida, es una prueba más de la deficiencia del sistema, de las autoridades y de las instituciones que procuran justicia en el estado.
La muerte de un niño, quien fuera sustraído de su escuela por una persona a la que conocía y en la que confiaba, pues era el ex empleado de su papá, evidencia que como ciudadanía, como personas, como civiles, no tenemos una cultura de prevención, no contamos con protocolos que coadyuven con las necesidades en materia de seguridad en nuestro estado y en nuestras ciudades.
Tengo más de una década de trabajar en el medio, y en ese tiempo he visto y pasado por cosas indecibles, indeseables y cuando el tema es un niño, cuando un menor es la nota, son de esas veces que el cerebro se muere un poco más, cuando el corazón se apachurra un poco más, y cuando uno se siente tan poco un poco más, es ahí cuando cala, cuando duele en el interior de la cabeza, en la conciencia, es cuando el sentimiento de impotencia y coraje regresa una vez más, cuando el llanto, el estrés y la ira regresan y uno cae en cuenta que jamás se fueron, solo se escondieron, pero nunca se fueron.
La muerte de un niño, quien no debía nada, quien acababa de salir de clases, de un día más de escuela, quien seguramente iría a casa a jugar con sus juguetes, tal vez con sus amigos, a manos de un ser sin alma, que en compañía de presuntamente otros tres desalmados terminaron con su corta historia, relata un día más en Victoria y es una más de las historias de sangre que cuenta el estado.
Tamaulipas, con este crimen aberrante, perdió quizá un policía más, un soldado, un bombero, un paramédico, un maestro, un arquitecto, un electricista, un empleado, un hombre, un hermano, un primo, un padre de familia, quien sabe qué más, pues ahora si ya no lo sabemos.
El sistema, el maldito sistema, perdió hoy una cuentahabiente, un predial, un usuario de COMAPA, una vivienda más, un número de seguridad social, un empleado más, un ciudadano más.
Sueños arrancados de tajo, por el coraje y la sed de venganza de un perverso y maligno ser, quien con saña vil, terminó de una manera cruenta con la vida de un menor de edad de escasos 6 años.
En la casa de Marianito esta navidad no llegará Santa Claus, no habrán regalos debajo del árbol, solo habrá dolor, llanto, profunda pena y desazón, no habrá reyes, no habrán idas al circo, no habrán baleros, yoyos, canicas, fútbol, no habrá nada.
Las lágrimas siguen corriendo, de impotencia, de dolor, de asco, las ganas de vomitar se disuelven entre el humo del cigarro y los tragos de vino, mientras la pregunta en la mente es la misma desde hace más de 10 años, hasta cuándo?, ¿cuánto es suficiente?.
Y cómo hoy, la familia de Marianito está rota, muertos en vida, como los familiares de quienes hasta el día de hoy están desaparecidos, quienes aún con el paso del tiempo no han regresado a casa, de quienes murieron en manos de otros sinrazón, de quienes aún buscan a sus familiares, quienes están en desplazo forzoso por que el sistema simplemente les falló.
En esta muerte todas las autoridades tienen responsabilidad, quienes hicieron, pero ya muy tarde, a quienes ahora que la muerte está confirmada sólo les resta cerrar un caso, y con esto anotar un número más, una cifra, un dato.
Si esta muerte no nos puede unir como sociedad en la búsqueda de un mañana más seguro, un futuro mejor para nuestros niños, una mejor educación, un mejor sistema de seguridad, un mejor futuro, entonces no nos merecemos llamarnos humanos, seremos gentes de carne y hueso, sin alma y tendremos las manos manchadas de sangre.
Al final del día lo que de verdad da asco, es que quieran aun escupirle al muerto, bailar en su tumba y hacer propaganda política del asunto, es cuanto.
Para amenazas.

@jackomil

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