AMLO reta a la historia y la arqueología: ‘No hubo sacrificios humanos’

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Enloquecido de poder popular, asienta en su libro, ¡grandeza!, que los aztecas no realizaban sacrificios humanos, más allá, necio con el tema de que fuimos conquistados

 

Ciudad de México, 05 de diciembre de 2025.-La controvertida afirmación de Andrés Manuel López Obrador sobre los sacrificios humanos aztecas en su más reciente obra literaria «¡Grandeza!», causó consternación entre historiadores, arqueólogos y especialistas en cultura mesoamericana porque es una mentira.

En la página 23 de la edición publicada por Planeta, el tabasqueño asegura textualmente:»Los aztecas no sacrificaban seres humanos, eso lo inventaron los conquistadores españoles para justificar la invasión».

La frase, presentada sin mayor sustento bibliográfico que una referencia genérica a “estudiosos indígenas”, contradice de manera frontal el consenso académico construido durante más de un siglo a partir de fuentes primarias tanto indígenas como españolas, códices prehispánicos, hallazgos arqueológicos y testimonios directos.

Las evidencias irrefutables

  1. Fuentes indígenas prehispánicas
    • El Códice Florentino (compilado por fray Bernardino de Sahagún con informantes nahuas entre 1545 y 1590) describe con lujo de detalle los rituales de extracción
    • cardiaca en el Templo Mayor.
    • El Códice Magliabechiano y el Códice Telleriano-Remensis, ambos del siglo XVI y de autoría indígena, ilustran y narran sacrificios gladiatoriarios, de niños a Tláloc y de cautivos en la fiesta de Toxcatl.
    • La Piedra de Tizoc y el Teocalli de la Guerra Sagrada muestran prisioneros decapitados y corazones ofrecidos al Sol.
  2. Arqueología del Templo Mayor (1978-2025)
    • Más de 200 tzompantlis (muros de cráneos) descubiertos.
    • 48 ofrendas con restos humanos que presentan marcas de desollamiento, descarnamiento ritual y extracción cardiaca.
    • El hallazgo en 2020 de la torre de cráneos (Huey Tzompantli) con más de 650 calaveras, muchas de ellas de niños y mujeres, confirmada por el INAH en 2023.
  3. Crónicas indígenas post-conquista
    • Los Anales de Tlatelolco (1528), escritos en náhuatl por autores indígenas, narran sacrificios masivos durante la fiesta de Panquetzaliztli.
    • Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, descendiente directo de la nobleza texcocana, describe en sus obras del siglo XVII los sacrificios como práctica cotidiana.

La tesis negacionista y sus antecedentes

 

López Obrador no es el primero en intentar esta revisión. Desde los años 80 del siglo pasado, un pequeño sector indigenista radical –cuyos principales exponentes han sido Guillermo Marín y Domingo García Garza– ha sostenido que los sacrificios fueron una “calumnia española”.

Sin embargo, ninguno de ellos ha logrado publicar sus hipótesis en revistas académicas arbitradas ni ha ofrecido una explicación alternativa convincente para los miles de restos óseos con huellas rituales encontrados en Tenochtitlan, Teotihuacan, Templo Mayor y decenas de sitios más.

El propio Eduardo Matos Moctezuma, director emérito del Proyecto Templo Mayor y uno de los arqueólogos mexicanos más respetados del mundo, declaró esta semana a Proceso:«Negar los sacrificios humanos en la cultura mexica es tan absurdo como negar el holocausto judío.

Las evidencias materiales son abrumadoras y provienen, en su mayoría, de fuentes y manos indígenas».

¿Error, estrategia o ideología?

Fuentes cercanas al círculo del ex mandatario aseguran que la frase fue incluida personalmente por él en las últimas correcciones del libro, a pesar de las advertencias de algunos colaboradores.

En el contexto de su narrativa recurrente sobre la “grandeza de las culturas originarias” y la “maldad absoluta” de la Conquista, la negación de los sacrificios parece funcionar como pieza clave de un relato maniqueo que prefiere la idealización romántica a la complejidad histórica.

Sea desliz, convicción o cálculo político, la afirmación quedará como uno de los episodios más polémicos del legado intelectual de Andrés Manuel López Obrador: un presidente que, paradójicamente, hizo de la “verdad histórica” su bandera, terminó escribiendo una página que la propia historia desmiente con huesos, códices y sangre seca de hace quinientos años.