El PAN, férreo siempre contra ideologías comunistas, terminó defendiendo intereses de China, y MORENA, con su propaganda «Muera el Imperio Yankie», terminó protegiendo intereses norteamericanos
Ciudad de México, 10 de diciembre de 2025.-El debate arancelario contra China, terminó en una extraña parajoda; el PAN, crítico contra gobiernos e ideas socialistas-comunistas, terminó defendiendo intereses chinos en el tema de las importaciones; MORENA, con un activo propagandista que impulsa la idea de «muera el imperio Yankie» terminó defendiendo los intereses estadounidenses.
Durante la discusión del dictamen que reforma la Tarifa de la Ley de los Impuestos Generales de Importación y Exportación, legisladores panistas señalaron que la industria mexicana depende de insumos, autopartes y componentes electrónicos provenientes de China y otros países asiáticos, por lo que un incremento arancelario de esta magnitud podría impactar las cadenas productivas, elevar costos y trasladarse a los precios al consumidor.
El posicionamiento del PAN contrastó con su discurso histórico, en el que ha cuestionado de manera reiterada al gobierno chino por su modelo político. No obstante, en esta sesión, los argumentos se centraron en consideraciones técnicas y económicas sobre la integración de México a las cadenas globales de suministro.
En otros temas, el PAN siempre impulsó la idea de que cero trato con gobiernos comunistoides.
En contraste, los senadores de MORENA respaldaron de manera cerrada la política arancelaria impulsada por el Ejecutivo federal, que naturalmente es recomendación del Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.
Incluso, el Senador Gerardo Fernández Noroña sacó las uñas, e intervino para rechazar la moción suspensiva presentada por el PAN y defendió el dictamen, al señalar que los aranceles forman parte de una estrategia para proteger la industria nacional y enfrentar prácticas de competencia desleal.
El respaldo de MORENA, encabezado por figuras que históricamente han mantenido un discurso crítico hacia Estados Unidos, coincidió con una política comercial compatible con la agenda estadounidense de relocalización de cadenas productivas y contención de importaciones asiáticas. Este contraste se da en un contexto en el que, en redes sociales y entre sectores afines al oficialismo, persisten consignas de rechazo a la influencia estadounidense.
El dictamen fue aprobado con los votos de la mayoría oficialista, mientras que la oposición votó en contra o se abstuvo, al advertir que la medida requería mayor análisis por su impacto potencial en la economía.
