Ciudad de México, 02 de diciembre de 2025.-Desde la toma de Kabul por los talibanes en agosto de 2021, miles de afganos, pero también ciudadanos de Pakistán, Bangladesh y hasta Nepal, han emprendido una de las rutas migratorias más inesperadas del mundo: la que termina en México.
Lo que comenzó como un goteo se convirtió en 2025 en un torrente: entre mayo y agosto de este año, las autoridades mexicanas registraron 47 mil 400 migrantes irregulares provenientes de Asia-Pacífico, la mayoría huyendo de la inestabilidad que dejó el regreso talibán al poder y sus efectos colaterales en toda la región.
La ruta es tan larga como peligrosa. Muchos vuelan primero a Surinam, Guyana o Ecuador —países que no piden visa a nacionales de India, Bangladesh o Nepal— y desde allí inician un periplo terrestre de más de 10 mil kilómetros.
Cruzan la selva del Darién, los siete países de Centroamérica y finalmente llegan a México, donde buscan quedarse o intentar el último salto hacia Estados Unidos.
En lo que va de 2025, el Instituto Nacional de Migración reporta que los asiáticos ya superan en número a cualquier otra región de origen, algo impensable hace apenas tres años.
Aunque los afganos son los más visibles —muchos con credenciales de excolaboradores de fuerzas extranjeras o familias perseguidas por los talibanes—, el flujo incluye también a pastunes paquistaníes, rohingyás que escapan doblemente (de Myanmar y de los campos de Bangladesh) y jóvenes de Punjab indio que pagan hasta 40 mil dólares a redes de coyotes chinos e indios.
En la Ciudad de México, barrios como la Merced y la zona de Viaducto ya tienen hostales y casas de cambio que anuncian en urdú, pastún y bengalí.
El fenómeno no es casual. La caída de Kabul cerró rutas tradicionales hacia Europa y Australia, mientras que las restricciones post-pandemia en el sudeste asiático y el endurecimiento de Canadá dejaron a México como la opción más viable. Aquí, la política migratoria laxa de los últimos años y la posibilidad de obtener una salida voluntaria o incluso regularizarse mientras se tramita asilo en EE.UU. actúan como imán.
En Tapachula y Tijuana ya se escuchan más “salaam alaikum” que “buenos días” entre quienes hacen fila en las oficinas de la COMAR.
Expertos de la OIM advierten que, mientras Afganistán siga bajo el régimen talibán y los países vecinos sigan en crisis económica, esta ola asiática no hará más que crecer.
México, que durante décadas fue país de tránsito para latinoamericanos, se encuentra ahora en el centro de una migración global que ya no entiende de continentes ni de distancias.





