Ciudad de México, 16 de febrero de 2026.-La publicación del empresario Ricardo Salinas Pliego volvió a encender una de las polémicas más intensas en torno al modelo educativo del país. En un mensaje difundido en X (antes Twitter), el presidente de Grupo Salinas escribió: “Si usted ama a sus hijos, deberá destruir todos los libros de texto de la @SEP_mx”, etiquetando además al titular de la Secretaría de Educación Pública.
El comentario, lanzado el 14 de febrero de 2026, superó rápidamente las 230 mil visualizaciones y generó miles de reacciones entre apoyos, críticas e indignación. Más allá del tono incendiario, la declaración reaviva un debate de fondo: el cambio estructural que implicó la implementación de la Secretaría de Educación Pública bajo el nuevo paradigma de la Nueva Escuela Mexicana.
El trasfondo: del modelo técnico al enfoque comunitario
Durante décadas, el sistema educativo mexicano transitó por reformas que, especialmente en los años noventa y dos mil, buscaron fortalecer el enfoque técnico-científico, la evaluación estandarizada y la formación orientada a competencias. Se priorizaba el desarrollo del pensamiento lógico-matemático, la alfabetización científica y la incorporación de herramientas tecnológicas, con miras a insertar a México en un entorno global competitivo.
Sin embargo, con la llegada del nuevo gobierno federal en 2018, comenzó a gestarse una transformación profunda que culminó con la consolidación de la Nueva Escuela Mexicana. Este modelo propone un viraje pedagógico: menos énfasis en estándares cuantificables y más en la formación humanista, comunitaria e intercultural.
Los nuevos libros de texto gratuitos, rediseñados integralmente, abandonaron la estructura tradicional por asignaturas rígidas y adoptaron proyectos integradores. Se redujo la centralidad de materias como matemáticas puras y ciencias fragmentadas para integrarlas en ejes temáticos transversales que abordan problemas sociales, históricos y ambientales.
El núcleo de la controversia
Críticos como Salinas Pliego sostienen que esta reforma diluye la formación técnica y científica, debilitando herramientas fundamentales para la competitividad futura. Argumentan que el país necesita ingenieros, científicos, desarrolladores y perfiles técnicos sólidos en un contexto de revolución tecnológica e inteligencia artificial.
Por otro lado, defensores del modelo aseguran que el sistema anterior fomentaba memorización y mecanización, sin conectar el aprendizaje con la realidad social del estudiante. La Nueva Escuela Mexicana, dicen, busca formar ciudadanos críticos, con conciencia histórica y responsabilidad comunitaria.
La controversia no es menor: en el fondo se debate qué tipo de país se quiere construir.
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¿Uno orientado primordialmente al mercado y la competencia internacional?
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¿O uno centrado en identidad, comunidad y justicia social?
El papel de los libros de texto
Los libros de texto gratuitos han sido históricamente un símbolo del Estado mexicano desde su creación en 1959. Cada modificación curricular implica una disputa ideológica porque estos materiales no solo transmiten conocimiento, sino visión de país.
En 2023 y 2024 ya hubo amparos, críticas académicas y debates mediáticos sobre la calidad pedagógica, la estructura didáctica y la carga ideológica de los nuevos contenidos. La declaración de Salinas Pliego reaviva esa tensión, pero eleva el tono al sugerir la destrucción física de los materiales, lo que muchos consideran un llamado extremo y simbólicamente delicado en una nación donde la educación pública es un pilar constitucional.
Polarización y redes sociales
El mensaje también refleja el clima de polarización que atraviesa México. Las redes sociales se han convertido en el campo de batalla donde empresarios, políticos, académicos y ciudadanos confrontan posturas sin intermediación institucional.
Mientras algunos usuarios aplaudieron la franqueza del empresario, otros lo acusaron de irresponsable por promover una narrativa alarmista. El debate dejó de ser técnico para volverse emocional: padres preocupados, docentes divididos, estudiantes confundidos.
Más allá del tuit
Lo relevante no es solo la frase incendiaria, sino la pregunta estructural que deja abierta:
¿Está México fortaleciendo o debilitando el pensamiento científico en las nuevas generaciones?
La respuesta no es simple. Toda reforma educativa implica ganadores y perdedores conceptuales. El verdadero análisis requerirá resultados medibles en aprendizaje, pensamiento crítico y desempeño profesional en los próximos años.
Lo que es claro es que la educación volvió al centro de la disputa pública. Y cuando eso ocurre, no se trata solo de libros: se trata del rumbo intelectual de una nación.
