Hay una diferencia elemental entre ganar una elección y construir una mayoría. Marina del Pilar Ávila Olmeda ganó la gubernatura de Baja California el 6 de junio de 2021 con el 49.68% de los votos válidos emitidos, según el cómputo final del Instituto Estatal Electoral de Baja California: 531,948 sufragios de un total de 1,070,749 votos válidos. Datos todos según el Sistema de Consulta de la Estadística de las Elecciones del Instituto Nacional Electoral. Esa cifra, repetida como estandarte, y potenciada gracias a la marea ocasionada por Andrés Manuel López Obrador, oculta más de lo que revela.
La coalición Juntos Haremos Historia no fue un fenómeno monolítico. Fue una operación de agregación: MORENA como núcleo, el Partido del Trabajo con 22,344 votos propios (2% de la votación válida), el Partido Verde Ecologista con 16,189 (1.45%). Sumados, PT y PVEM aportaron 38,533 votos. Descontados esos puntos del 49.68%, MORENA como fuerza propia obtuvo alrededor del 46% de los sufragios emitidos. Es la diferencia entre una mayoría y una pluralidad frágil.
Por su parte, Jorge Hank Rhon obtuvo el 31.76% del voto, equivalente a 340,070 sufragios, compitiendo bajo las siglas del Partido Encuentro Social y sin la maquinaria territorial de un partido con presencia consolidada en todo el estado. Ese porcentaje no es el resultado de una campaña de penetración masiva ni de una estructura de tierra excepcional: es el piso natural de una marca personal que lleva décadas sedimentada en la memoria política de Baja California. Lupita Jones, representando la alianza PAN-PRI-PRD, obtuvo 123,136 votos, alcanzando el 11.50% del voto. Mientras que Movimiento Ciudadano, sin un perfil relevante como candidato en la persona de Alejandro Mungaray Lagarda y habiendo este renunciado a medio proceso electoral, obtuvo 24,092 votos equivalente al 2.25%. Sumadas las fuerzas políticas, representan el 45.51% del electorado bajacaliforniano. Dicho lo anterior, el ejercicio aritmético sigue siendo relevante como indicador de masa crítica potencial: 45.51% del supuesto bloque opositor frente a un MORENA duro del 46% convierte a Baja California 2027 en una elección técnicamente empatada antes de que se defina un solo candidato.

Tomando en cuenta las circunstancias políticas, económicas y sociales, MORENA enfrenta en Baja California algo más grave que un adversario con votos: enfrenta el peso de su propia gobernadora. El nombre de Marina del Pilar Ávila funciona hoy como lastre sobre cada perfil que la órbita de su administración produce. Ismael Burgueño Ruiz, presidente municipal de Tijuana, aliado político de Carlos Torres Torres, acumula investigaciones activas, que no ha solventado, por parte de la Fiscalía General de la República, señalamientos que no son rumores de campaña. Julieta Ramírez, senadora por Baja California bajo las siglas de MORENA, ha intentado construir una narrativa de distancia con la gobernadora; no convence porque los vínculos operativos permanecen intactos y porque el reciente castigo impuesto a Netzahualcóyotl Jáuregui por actos anticipados de campaña, con el cual ella guarda relación, desnuda la mecánica de uso del presupuesto público para favorecer alianzas personales.
La contaminación no es individual: Norma Bustamante en Mexicali, Claudia Agatón en Ensenada, Armando Ayala desde el Senado, son figuras cuya cercanía con la administración estatal no suma capital político sino señalamientos de criminalidad. Por otra parte, el diputado Fernando Castro Trenti representa el caso opuesto y simétrico: su lejanía real con las bases del partido lo convierte en un nombre sin estructura, sin independencia de criterio y sin argumento más sólido que la proximidad declarada con figuras como Ricardo Monreal o el senador Adán Augusto López, ambos líderes de MORENA con problemas propios tanto en Zacatecas como en Tabasco que los alejan de la operación política en Baja California, sin mencionar que no cuentan con el apoyo de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Frente a ese cuadro, la encuesta de Enkoll publicada en días recientes en El Universal introduce una variable que los estrategas de MORENA no han leído de forma conveniente. La misma medición que favorece al partido en términos generales registra a Montserrat Caballero, expresidenta municipal de Tijuana con credencial ahora del Partido del Trabajo, con un saldo de opinión positiva de 9%, el segundo más alto de todos los perfiles valorados. Esa cifra tiene dos lecturas según desde dónde se observe: para MORENA, representa un activo perdido; si Caballero compite con agenda propia, como ya anunció el Delegado Nacional del PT en Baja California, Ing. Jaime Bonilla Valdez (ex gobernador morenista), MORENA pierde entre siete y diez puntos de su piso, cayendo a un rango de entre 36% y 39%. Con esa cifra, la alianza opositora PAN-PES-MC, aun con todas sus debilidades estructurales, se convierte en una fuerza competitiva.
La confluencia de esos tres actores en una alianza formal no resuelve automáticamente los déficits de estructura. Pero los datos históricos de 2021 indican que sus bases electorales combinadas superan, en escenario base, el piso duro de MORENA sin acompañantes del PT. Carolina Aubanel en Tijuana (PAN), Gustavo Macalpin en Mexicali (MC) y Jorge Hank Rhon en el Estado (PES-PRI) compitiendo bajo esa alianza, enfrentarían mercados electorales donde el posicionamiento de marca personal electoralmente probada de Hank y el acompañamiento del sector empresarial (agraviado por los gobiernos actuales por las extorsiones a comercios en particular en Tijuana) con Carolina y con una figura mediática como Macalpin, cuyo crecimiento meteórico obedece a los desencuentros públicos con Marina del Pilar y su esposo Carlos Torres, modifica el tablero político con vísperas a la elección y tendrían por primera vez desde el arribo al poder de Morena, grandes posibilidades de vencer a la poderosa marca.
Por otra parte, el 19% de reconocimiento y su saldo de opinión positivo de 3% que la misma encuesta de Enkoll atribuye al exdelegado federal del Bienestar en Baja California, Jesús Alejandro Ruiz Uribe, perfil en búsqueda de su propio espacio en MORENA para la contienda por la gubernatura, eleva el techo proyectado del partido de entre 36% y 39% hasta un rango de entre 43% y 49%, toda vez que al no ser un perfil morenista identificado con la corriente política gobernante en el estado, puede consolidar una alianza plena del movimiento transformador. Frente a ese escenario, la posible alianza PAN-PES-MC que proyecta un piso del 43% está en desventaja, ya que Ruiz Uribe va ganando tierra día con día.
Lo que estos números revelan para Baja California es que el partido gobernante carga con el pasivo de una gobernadora cuyo nombre activa el rechazo antes que adhesión comunitaria, y que la oposición dispone de capital suficiente si construye lo que en 2021 no tuvo: la voluntad y la capacidad de llevar a la gente a las urnas. Pero sí hay posibilidades de permanencia de MORENA en Baja California, los números son claros y, dicho sea de paso, la relatoría se hace gracias a las propias encuestas impulsadas por los interesados en la contienda electoral del 2027 en el estado. Ni hablar.