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Morena acusa al PAN mientras el huachicol crece bajo vigilancia federal en Reynosa

La versión sobre un senador y la obligación de investigar

No encontraron dos bidones enterrados, una manguera improvisada ni una camioneta abandonada en una brecha.

Lo que las autoridades federales aseguraron en Reynosa tenía dimensiones industriales: tres millones 769 mil 500 litros de hidrocarburo, seis tractocamiones, siete pipas, once frac tanks, siete tanques de almacenamiento, ocho motobombas, generadores eléctricos, equipos de cómputo, una caja seca, una plataforma, 21 cubitanques y una estructura de tuberías presuntamente utilizada para procesar fluidos y combustibles.

El inventario descrito por la Fiscalía General de la República no corresponde a una operación improvisada. Habla de infraestructura, capital, movimiento constante de vehículos pesados, suministro eléctrico, personal especializado y una red de compradores, proveedores y transportistas.

Según el comunicado DPE/3146/2026, el aseguramiento se realizó en un predio localizado sobre un camino de tercer orden conocido como Brecha El Becerro, en Reynosa, Tamaulipas.

La Fiscalía informó que el caso se inició a partir de un Informe Policial Homologado elaborado por elementos de la Guardia Nacional y que posteriormente se ejecutó un cateo autorizado por un juez federal. La indagatoria se mantiene abierta por el probable delito de almacenamiento ilícito de hidrocarburos.

Hasta aquí, la versión institucional.

El problema comienza cuando se dimensiona lo encontrado.

Los tres tanques con capacidad de 20 mil barriles y los cuatro con capacidad de 10 mil barriles podían almacenar, en conjunto, aproximadamente 100 mil barriles, equivalentes a casi 15.9 millones de litros.

Es decir, el combustible asegurado ocupaba apenas una parte de la capacidad potencial instalada en el predio.

Aquello no era solamente una bodega.

Era una instalación preparada para recibir, almacenar, mover y posiblemente procesar hidrocarburos a una escala que difícilmente podía esconderse detrás de una cerca.

Para construirla tuvieron que entrar materiales, soldadores, pipas, tractocamiones, maquinaria pesada, transformadores, bombas y kilómetros de tubería. Para operarla debieron existir turnos de personal, abastecimiento de combustible, energía eléctrica, vigilancia y rutas de entrada y salida.

Nadie instala siete tanques de esa magnitud durante una madrugada.

Nadie mueve millones de litros sin dejar huellas comerciales, fiscales, carreteras y financieras.

Y nadie sostiene una operación de ese tamaño sin que alguien, en algún nivel de autoridad, vea pasar las pipas.

La primera pregunta no es solamente quién era dueño del combustible.

La pregunta central es:

¿Quién permitió que esa estructura creciera y operara en Reynosa?

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