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EU cambia la mira: Johnson advierte que irá por el dinero y las redes que sostienen a los cárteles en México

El embajador Ronald Johnson reconoció avances del gobierno de Claudia Sheinbaum, pero dejó una advertencia que rebasa las capturas y decomisos: Washington está poniendo el foco en el dinero, los facilitadores, las redes financieras y la corrupción que permiten operar a las organizaciones criminales.

CIUDAD DE MÉXICO.— Washington ya no está hablando solamente de decomisar droga, detener capos o asegurar cargamentos de armas. La mira estadounidense comienza a colocarse donde durante años ha sobrevivido buena parte del poder criminal: el dinero, los intermediarios, las redes financieras, los facilitadores y la corrupción que permiten a los cárteles seguir funcionando después de cada captura.

El mensaje lo puso este miércoles sobre la mesa Ronald Johnson, embajador de Estados Unidos en México. Durante la Quinta Convención Binacional 2026 de la American Society, sostuvo que México no puede considerarse plenamente soberano mientras existan organizaciones criminales capaces de intimidar, controlar comunidades y disputar espacios de autoridad dentro del territorio mexicano.

La frase no fue aislada. Apenas semanas antes, el propio Johnson había fijado públicamente una de las prioridades de Washington: golpear “lo que más les duele a los cárteles: su dinero”. La embajada estadounidense explicó entonces que ambos gobiernos estaban enfocando esfuerzos no sólo en drogas, armas y delincuentes, sino también en ganancias ilícitas, redes financieras, facilitadores y corrupción.

Ahí aparece una palabra que inevitablemente acompañará esta nueva etapa: narcopolítica.

No porque Johnson haya acusado este miércoles a algún político mexicano en particular. No lo hizo. Tampoco presentó nombres de funcionarios, partidos o gobiernos vinculados con organizaciones criminales. Pero cuando una estrategia deja de perseguir únicamente al pistolero y comienza a seguir el dinero, los prestanombres, las empresas, las relaciones de protección y las redes de corrupción, el terreno de investigación se acerca necesariamente a las estructuras económicas y de poder que permiten sobrevivir al crimen organizado.

Un cártel necesita armas y operadores, pero también necesita dinero que pueda circular, empresas capaces de ocultarlo, información, logística, protección y espacios donde sus operaciones encuentren tolerancia o complicidad.

Ese es precisamente el cambio de enfoque que Estados Unidos viene haciendo explícito.

Del capo a la estructura

La administración de Donald Trump estableció desde marzo como política oficial que Estados Unidos y sus aliados deben quitar a los cárteles el control territorial y, particularmente, el acceso al financiamiento y a los recursos necesarios para sostener sus operaciones.

Johnson lo tradujo después a una lógica mucho más sencilla: drogas y armas pueden sustituirse; el golpe de fondo ocurre cuando se corta el dinero que permite comprar precursores, conseguir armamento, reclutar gente, reconstruir organizaciones y financiar nuevos delitos.

Eso convierte cada investigación financiera en algo potencialmente más amplio que una operación antidrogas.

¿Quién recibe el dinero? ¿Dónde termina? ¿Qué empresas aparecen? ¿Quién presta nombres? ¿Quién facilita operaciones? ¿Dónde existe corrupción?

Esas preguntas ya forman parte del enfoque estadounidense.

Johnson reconoce a Sheinbaum, pero pone un asterisco

El discurso tampoco fue una descalificación general contra el gobierno mexicano.

Johnson reconoció expresamente acciones emprendidas durante la administración de Claudia Sheinbaum y destacó el nivel de cooperación entre ambos países. Según los datos expuestos por el diplomático, México ha incautado más de 500 toneladas de narcóticos ilegales, incluido fentanilo, mientras Estados Unidos ha asegurado más de 50 mil armas de fuego antes de que llegaran a manos criminales en ambos lados de la frontera.

También habló de intercambio de información, capacitación de servidores públicos y operaciones conjuntas contra redes criminales.

Pero después vino la frase que cambia el tono: todavía hay “más trabajo por hacer”.

Para Johnson, el problema sigue atravesando la frontera en ambas direcciones.

La cooperación existe. Los resultados también. Pero Washington considera que las estructuras criminales continúan conservando suficiente capacidad financiera y territorial como para mantener comunidades bajo presión.

La presión de Washington aumenta

El mensaje del embajador llegó apenas un día después de que Donald Trump volviera a colocar a los cárteles entre los principales asuntos de seguridad regional durante su intervención ante Naciones Unidas.

Trump reiteró una política estadounidense de mayor presión contra organizaciones criminales transnacionales y defendió una coordinación regional más agresiva contra los cárteles.

México mantiene una posición propia sobre soberanía y cooperación bilateral. Al mismo tiempo, la relación de seguridad entre ambos gobiernos ha seguido produciendo intercambio de inteligencia, decomisos y operaciones contra objetivos criminales, algo que el propio Johnson reconoció.

La diferencia está en lo que viene después.

Capturar al jefe visible de una organización puede desarticular temporalmente una estructura. Seguir el dinero permite conocer quiénes la sostienen.

Y ahí la investigación deja de mirar únicamente hacia la sierra, los laboratorios clandestinos o los convoyes armados.

Comienza a mirar cuentas bancarias, compañías, movimientos financieros, contratos, prestanombres, operadores y posibles redes de protección.

El nuevo frente es el dinero

Ése puede terminar siendo el punto más relevante de las declaraciones de Johnson.

Estados Unidos está dejando claro que su estrategia contra los cárteles pretende abarcar la estructura completa que permite que el negocio sobreviva. No significa que cada empresario, servidor público o político relacionado indirectamente con una investigación sea responsable de un delito; cualquier señalamiento exige pruebas y procedimientos judiciales.

Pero sí significa que la pregunta sobre el crimen organizado está cambiando.

Durante años, la fotografía de la lucha antidrogas fue la del capo esposado.

Ahora Washington quiere seguir otra imagen: la ruta del dinero.

Y cuando esa ruta comience a mostrar quién financia, quién lava, quién facilita, quién protege y quién obtiene beneficios, el combate a los cárteles puede entrar en su territorio políticamente más incómodo.

Ahí comienza el verdadero expediente de la narcopolítica.

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