Ciudad de México.– Entre simbolismos y contradicciones, así fue el primer día de los nuevos ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Desde temprano participaron en un acto en Cuicuilco cargado de rituales con incienso, mirra y plumas. Después se presentaron en el Zócalo capitalino, donde se realizó la entrega de bastones de mando en un evento marcado por la retórica de “cercanía con el pueblo”.
Sin embargo, la jornada concluyó en un escenario muy distinto: pasada la medianoche, los ministros se dieron cita en el restaurante francés Au Pied de Cochon, en Polanco, conocido por su carta de alta cocina y precios exclusivos. Una fuente parlamentaria confirmó que fueron recibidos en un área privada para continuar la celebración.
La contradicción no pasó desapercibida. Mientras que en sus discursos hablaron de una “Corte distinta”, la realidad mostró una imagen de élite alejada de la vida cotidiana de millones de mexicanos. Críticos señalan que los símbolos de austeridad y servicio al pueblo quedaron sepultados entre copas de vino y cenas de lujo.
El contraste entre rituales casi místicos y cenas exclusivas refuerza la percepción de una Corte atrapada en el ceremonial, pero distante de las exigencias ciudadanas: justicia rápida, imparcial y accesible.







