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Sheinbaum cierra la puerta a más renuncias en su gabinete rumbo a 2027

Claudia Sheinbaum descartó nuevas renuncias dentro de su administración por aspiraciones electorales rumbo a 2027. La Presidenta recordó que alrededor de siete funcionarios ya dejaron sus cargos para participar en el proceso interno de Morena y sostuvo que desde hace meses pidió separarse del gobierno a quienes buscaran una candidatura.

Claudia Sheinbaum descartó que vengan nuevas renuncias en su gabinete por el proceso interno de Morena rumbo a las elecciones de 2027. La Presidenta afirmó que desde hace meses pidió a los funcionarios interesados en competir por una candidatura separarse de sus cargos para evitar el uso de recursos públicos en actividades partidistas.

La declaración llega en pleno arranque de registros de Morena para definir a sus coordinadores estatales de defensa de la Cuarta Transformación, figura que en los hechos perfila las candidaturas a gubernaturas. El mensaje presidencial no fue administrativo: fue político. Sheinbaum intenta ordenar la casa antes de que la sucesión territorial de 2027 convierta al gobierno en antesala de campaña.

“No, desde hace tiempo, como saben, les pedí que, si iban a participar como candidatos o candidatas, pues que tomaran la decisión de salir del Gobierno”, expresó la Mandataria.

El dato duro es claro: alrededor de siete integrantes de su administración dejaron sus cargos para participar en el proceso interno de Morena. A ellos se suman figuras que ya habían salido o asumido tareas partidistas, como Ariadna Montiel y Citlalli Hernández, además de perfiles como Santiago Nieto, quien pidió dejar el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial para buscar competir en Querétaro.

El gabinete frente a la tentación electoral

El proceso de Morena rumbo a 2027 abrió una tensión inevitable: gobernar o competir. Para un partido en el poder, la candidatura no sólo representa una aspiración personal; también puede convertirse en un activo de grupo, una moneda de negociación y una señal de cercanía con el centro político.

Por eso la instrucción de Sheinbaum busca marcar una frontera. Quien quiera candidatura, que deje el cargo. Quien siga en el gobierno, que gobierne. La regla intenta blindar a la administración federal de acusaciones por uso de recursos públicos, promoción personalizada o campañas anticipadas.

Morena abrió esta semana el registro de aspirantes a coordinadores estatales. Las reglas internas prohíben expresamente el uso de recursos públicos, la promoción personalizada y los actos anticipados, además de obligar a quienes ocupan funciones ejecutivas a separarse de sus cargos.

La advertencia tiene destinatario interno. En un partido con marca fuerte, estructura nacional y alta competitividad electoral, sobran aspirantes dispuestos a levantar la mano. El reto no es llenar registros, sino impedir que la ambición rompa la disciplina.

Los nombres que ya se movieron

Entre los perfiles que renunciaron o solicitaron licencia para buscar una gubernatura aparecen Santiago Nieto, con aspiraciones en Querétaro; Rafael Marín Mollinedo, para Quintana Roo; Tatiana Clouthier, que busca la candidatura en Nuevo León; y Esthela Damián, registrada para Guerrero.

Cada nombre arrastra una lectura distinta. Nieto representa experiencia jurídica y presencia en el debate anticorrupción. Marín Mollinedo carga con trayectoria dentro del aparato federal. Clouthier conserva capital político propio en Nuevo León. Damián se mueve en un territorio complejo como Guerrero, donde la disputa electoral se mezcla con tensiones de seguridad y gobernabilidad.

Pero más allá de los perfiles, la señal es la misma: 2027 ya empezó dentro de Morena.

Todavía no hay campañas constitucionales, pero sí movimientos de piezas, cálculos de fuerza y mediciones internas. En política mexicana, las precampañas suelen arrancar mucho antes de que la ley las nombre.

Sheinbaum busca control político

La posición de Sheinbaum también busca proteger su propia narrativa. La Presidenta no puede permitir que su gabinete sea leído como una plataforma electoral permanente. Su administración necesita mostrar continuidad, operación y disciplina, especialmente en un momento donde Morena comienza a procesar ambiciones estatales en varias entidades.

La ruta es delicada. Si permite demasiadas salidas, puede proyectar un gobierno usado como trampolín. Si impide aspiraciones, puede abrir inconformidades internas. Por eso la salida intermedia es ordenar los tiempos: quien quiera competir, que se vaya; quien se queda, que no contamine el cargo con campaña.

El fondo no es menor. Las gubernaturas de 2027 serán una prueba de fuerza para Morena después de consolidar el poder federal. Ahí se medirá si el partido puede administrar su crecimiento sin fracturarse, si sus encuestas internas conservan legitimidad y si sus aliados aceptan el reparto político.

La Presidenta intenta llegar a esa elección con el gobierno bajo control y el partido en movimiento, pero sin que una cosa devore a la otra.

El reloj de 2027 ya está corriendo

Sheinbaum cerró la puerta a más renuncias, pero no puede cerrar la disputa política que ya se abrió. Morena tiene cuadros, estructura y marca; también tiene demasiadas ambiciones para pocos espacios.

Ese será el verdadero examen.

No sólo ganar gubernaturas, sino procesar candidaturas sin rupturas. No sólo presumir unidad, sino sostenerla cuando lleguen las decisiones. No sólo levantar registros, sino lograr que quienes pierdan acepten quedarse dentro.

La Presidenta ya mandó el mensaje: el gobierno no será sala de espera para candidatos.

Ahora falta ver si Morena obedece.

Porque rumbo a 2027, la primera elección no será contra la oposición.

Será dentro de casa.

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