Ciudad de México.— La Presidenta Claudia Sheinbaum convirtió la reforma electoral en un pulso directo con los partidos: quien apoye la iniciativa, “bien”; quien defienda las listas plurinominales, “que lo diga”, porque —advirtió— “la gente los va a señalar”.
En conferencia matutina desde Palacio Nacional, la Mandataria sostuvo que su propuesta no es una “ocurrencia”, sino un planteamiento que —afirmó— “viene del sentimiento del pueblo”, al tiempo que calificó las listas plurinominales como “listas de las cúpulas” y parte de una burocracia partidaria que, dijo, ya no conecta con el electorado.
“Quien quiera mantener el privilegio de las listas… la gente los va a señalar, cualquiera que sea el partido”, lanzó.
El mensaje: voto popular vs. cúpulas
Sheinbaum enmarcó la reforma como una disputa entre dos modelos:
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El voto popular directo, donde todos compiten en urnas.
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Las listas plurinominales, que describió como mecanismos de decisión interna controlados por dirigencias partidistas.
Bajo esa narrativa, sostuvo que la ciudadanía “no está de acuerdo” con el modelo actual y que el respaldo o rechazo quedará marcado políticamente.
“La gente va a decir: este partido aprobó, este partido no aprobó”, insistió.
“No vamos a acabar con la democracia”, responde
Ante críticas de la oposición, la Presidenta rechazó que su iniciativa represente un golpe al sistema democrático. Por el contrario, aseguró que se trata de “reformas sencillas” y “muy racionales”, enfocadas —dijo— en demandas concretas de la población.
Enumeró como ejes de su propuesta:
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Eliminar listas de burocracias partidarias y llevar cargos a voto popular.
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Disminución de gastos electorales y de representación.
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No reelección y no nepotismo.
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Mayor fiscalización para impedir “dinero malo” en campañas.
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Impulso a mecanismos de democracia participativa.
La ruta: llega al Congreso el lunes
Sheinbaum adelantó que la iniciativa formal será enviada el lunes al Congreso, ya con “todos los detalles”. Señaló que, para su Gobierno, hay un componente de principios en sostener dos propuestas centrales (sin abundar en cuál cámara recibirá primero el proyecto), y agregó que el texto retoma insumos de foros previos mencionados por el oficialismo.
En el fondo, la Presidenta colocó la reforma como un examen público: apoyas el cambio o defiendes privilegios. El Congreso tendrá la última palabra, pero el mensaje ya quedó trazado: quien se oponga cargará el costo político en la narrativa del oficialismo.






