Ciudad de México.— La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, calificó como “inhumana” la política de aranceles impulsada por el expresidente estadounidense Donald Trump contra los proveedores de petróleo a Cuba, al advertir que dichas medidas afectan directamente a hospitales, servicios básicos y la alimentación del pueblo cubano.
Durante su posicionamiento, la mandataria sostuvo que las decisiones de Petróleos Mexicanos (Pemex) son “soberanas” y no responden a presiones externas, subrayando que México no acepta injerencias en su política energética ni en su relación con otros países.
Sin embargo, en los hechos, la postura del Estado mexicano ha mostrado ajustes operativos y cautela en su relación energética con Cuba, en un contexto marcado por la presión económica y comercial de Estados Unidos. Analistas señalan que, más allá del discurso, las decisiones prácticas buscan evitar fricciones directas con Washington, particularmente ante posibles represalias comerciales o financieras.
El contraste entre el tono crítico de la presidenta y la conducta prudente de Pemex refleja una estrategia que combina retórica soberanista con acatamiento indirecto de los límites impuestos por la política estadounidense, especialmente en un escenario internacional de alta sensibilidad energética.
Mientras el Gobierno de México insiste en la defensa de la soberanía y la no intervención, la realidad geopolítica obliga a moderar acciones para no comprometer intereses estratégicos, lo que coloca a la administración federal en una posición ambigua frente a la política de sanciones impulsada desde Estados Unidos.
El caso vuelve a poner sobre la mesa el dilema histórico de la política exterior mexicana: condenar las sanciones y el bloqueo en el discurso, pero ajustar la operación del Estado a los márgenes que permite la relación con su principal socio comercial.
