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Del expediente fiscal al frente político: Salinas Pliego cierra cuentas con el SAT y abre guerra con el régimen

Durante años fue presentado como el “gran evasor” del sistema. Esta semana, esa narrativa se cayó a golpes de transferencia bancaria.

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Las empresas de Ricardo Salinas Pliego alcanzaron un acuerdo definitivo con el Servicio de Administración Tributaria para cubrir 32 mil 132 millones de pesos en adeudos fiscales históricos.
Más de 10 mil 400 millones ya ingresaron a la Tesorería y el resto se pagará en parcialidades.

Con ese movimiento, el empresario cierra —al menos en papel— uno de los frentes legales más largos y politizados del sexenio.

Pero lejos de replegarse, Salinas Pliego pisa el acelerador.

En entrevista reciente con el Financial Times, el dueño de Grupo Salinas fue directo: está construyendo una alternativa política al régimen actual, basada en liberalismo económico, defensa de la propiedad privada y confrontación abierta al estatismo que domina hoy la vida pública mexicana.

No habló como candidato.
Habló como actor político en formación.

Y no es menor.

A diferencia de figuras tradicionales de oposición, Salinas Pliego cuenta con plataforma mediática, músculo financiero y alcance nacional: TV Azteca, Elektra, Banco Azteca y una red de comunicación que ningún político en activo puede igualar.

El mensaje es claro: sin el expediente fiscal como arma, el régimen pierde su principal pretexto para desacreditarlo.

El contraataque narrativo ya arrancó

Casi de forma simultánea al cierre del acuerdo con el SAT, comenzó a circular en redes una oleada de publicaciones que buscan vincular al empresario con documentos del caso de Jeffrey Epstein, el multimillonario acusado de operar redes de abuso sexual con conexiones en la élite política y empresarial de Estados Unidos.

Cuentas militantes y perfiles de propaganda impulsaron capturas de supuestas invitaciones y folios, mezclando nombres de empresarios, políticos internacionales y figuras públicas, en una estrategia que recuerda manuales clásicos de desgaste: asociación por proximidad, ruido masivo y linchamiento digital antes de cualquier verificación judicial.

No es la primera vez que ocurre.

En América Latina, empresarios que se convierten en adversarios políticos suelen enfrentar la misma secuencia: auditorías selectivas, presión regulatoria y campañas de desprestigio mediático.

De la disputa fiscal a la batalla por el poder

Con el frente tributario cerrado, el choque entra en una nueva fase.

Para el oficialismo, Salinas Pliego ya no es solo un empresario incómodo. Es un posible catalizador del descontento social que se acumula entre clases medias, pequeños empresarios y sectores productivos asfixiados por impuestos, inseguridad y discrecionalidad gubernamental.

Ahí está el verdadero temor.

No su fortuna.
Su capacidad de movilización.

Como ocurrió con outsiders políticos en otros países —empresarios que pasaron de las finanzas al poder— el fenómeno no nace del carisma, sino del hartazgo social frente a élites políticas que prometieron cambio y entregaron control.

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