El país entra en zona de tensión. Transportistas y agricultores anunciaron un paro indefinido a partir de este lunes, con bloqueos en carreteras federales y puntos estratégicos en al menos 20 estados, en protesta por lo que califican como abandono del Gobierno federal.
Detrás del anuncio hay una mezcla explosiva: inseguridad en carreteras, extorsiones, robos, altos precios del diésel y una política agropecuaria que, aseguran, ha dejado al campo en desventaja frente a importaciones.
El Frente Nacional para el Rescate del Campo Mexicano (FNRCM) y la Asociación Nacional de Transportistas (ANTAC) fueron claros: las mesas de diálogo con el gobierno no resolvieron nada.
El diagnóstico es duro. Denuncian una crisis estructural marcada por caída en la producción nacional, sequías, costos elevados de insumos y un mercado controlado por grandes empresas que pagan barato al productor y encarecen el producto final.
En paralelo, el transporte vive bajo asedio. Los inconformes señalan homicidios, secuestros, robo de unidades y hasta extorsión policial en puntos identificados como focos rojos: San Roberto (Nuevo León), San Blas (Nayarit), La Venta (Tabasco) y San Luis Río Colorado (Sonora).
Las exigencias no son menores:
– Seguridad real en carreteras con presencia permanente de la Guardia Nacional
– Eliminación de retenes usados para extorsión
– Retiro del IEPS al diésel para transporte y campo
– Frenar importaciones desleales de granos
– Establecer precios justos para productores
– Crear una fiscalía especializada en delitos contra transportistas
El mensaje es directo: “sin campo y sin transporte, no hay alimentos”.
Aunque no se han definido los puntos exactos de bloqueo, el impacto podría sentirse de inmediato en cadenas de suministro, precios y movilidad nacional.
Y aquí está el fondo político.
El paro no es solo una protesta sectorial. Es un síntoma de desgaste. Un choque entre la narrativa oficial de estabilidad y la realidad operativa de quienes mueven y producen el país.
La presión ahora escala directo a Claudia Sheinbaum, a quien los inconformes piden una reunión urgente.
Si no hay respuesta, México podría enfrentar algo más que bloqueos:
un golpe directo al abasto, la economía y la gobernabilidad.
