CIUDAD DE MÉXICO.- En la capital del país y en otras entidades, automovilistas se toparon con estaciones cerradas o sin gasolina Premium, mientras Pemex enfrenta retrasos en la distribución por falta de autotanques y problemas de logística. La escena de gasolineras acordonadas, filas largas y surtidores inactivos contrasta con el discurso oficial que insiste en que no hay desabasto.
El gobierno federal atribuye la situación a ajustes administrativos y a la transición del control del transporte de combustible, pero la percepción ciudadana es otra: la “soberanía energética” se diluye en el camino cuando llenar un tanque se convierte en una odisea.
La molestia crece porque, al mismo tiempo, continúan los envíos millonarios de petróleo y derivados hacia Cuba. El combustible que falta en estaciones de servicio en México fluye sin interrupciones hacia buques cargados en el Golfo. Mientras tanto, miles de capitalinos esperan horas frente a bombas secas.
El trasfondo revela un doble desgaste: por un lado, la incapacidad del Estado para garantizar abasto constante en las ciudades; por el otro, la narrativa oficial de solidaridad internacional que termina confrontada con la realidad cotidiana de los consumidores mexicanos.
El resultado es un golpe a la confianza: el AIFA se estrena como ruta de narcotráfico, el huachicol fiscal sigue drenando finanzas públicas y ahora la gasolina escasea en las calles mientras se envía al extranjero. Una paradoja que desnuda la fragilidad de la estrategia energética nacional.
