Ciudad de México, 12 de enero de 2026.- La Presidente, Claudia Scheinbaum celebró una llamada con el Presidente, Donald Trump, esta mañana en la búsqueda de aliviar la presión que México tiene encima para una intervención militar contra el narcotráfico en México; ganó tiempo.
De acuerdo a lo que ella misma declaró en su “mañanera”, lejos de tratarse de una conversación protocolaria, el contacto fue solicitado por el gobierno mexicano para presentar resultados, justificar avances y contener una narrativa que apuntaba a una mayor injerencia estadounidense.
La llamada ocurre luego de que Trump realizara varias declaraciones públicas en las que insistía en una mayor participación de fuerzas estadounidenses en territorio mexicano, bajo el argumento del combate al narcotráfico y al fentanilo; ayuda militar y tecnológica que Scheinbaum rechazó en repetidas ocasiones bajo el pretexto de la soberanía.
Durante la conversación, Sheinbaum expuso una serie de indicadores concretos para demostrar que su administración “sí está trabajando” en materia de seguridad:
- Una reducción del 50% en el cruce de fentanilo hacia Estados Unidos, medida a partir de incautaciones reportadas por agencias estadounidenses.
- Una disminución de 43% en las muertes por fentanilo en EE. UU.
- Una baja de 40% en los homicidios en México.
Sin embargo, esto no representa una disminución o dilución de las organizaciones criminales, que es la acometida principal del gobierno norteamericano, y que es lo que pretenden atacar desde sus presuntos vínculos con organizaciones terroristas del medio oriente.
De acuerdo con la presidenta, Trump escuchó los datos, reconoció avances, pero señaló que “se puede hacer más”, dejando claro que la evaluación por parte de Washington permanece abierta.
Rechazo a incursiones militares
Sheinbaum afirmó que durante la llamada no se planteó ni se aceptó ninguna incursión militar de Estados Unidos en México. Reiteró que la participación de fuerzas estadounidenses “no está sobre la mesa” y que la cooperación bilateral se mantiene bajo los principios de respeto a la soberanía, coordinación sin subordinación y responsabilidad compartida.
No obstante, el propio reconocimiento presidencial de que fue México quien solicitó la llamada refuerza la lectura de que el diálogo respondió a una necesidad de contención diplomática, más que a una iniciativa conjunta.
Rendición de cuentas en una relación asimétrica
El contenido de la llamada muestra una dinámica clara: México presentó resultados medibles para justificar la continuidad del esquema actual de seguridad y evitar que el discurso de “narcoterrorismo” —impulsado desde sectores del gobierno estadounidense— se traduzca en acciones unilaterales.
Trump, por su parte, no cerró el tema. Al reconocer avances, pero insistir en que son insuficientes, mantuvo abierta la presión política, especialmente en un contexto electoral en Estados Unidos donde la seguridad fronteriza y el fentanilo son banderas centrales.
Un logro defensivo, no un giro estratégico
La presidenta calificó la conversación como “cordial y respetuosa”, y aseguró que tras ella quedó “descartada” cualquier acción militar. Sin embargo, el trasfondo revela que la soberanía mexicana se sostuvo a partir del desempeño, no como una concesión permanente.
La llamada permitió ganar tiempo, contener una escalada discursiva y mantener el canal directo con la Casa Blanca, pero dejó claro que México sigue bajo observación y que la relación bilateral en materia de seguridad continúa marcada por la asimetría de poder.
En los hechos, el mensaje central fue uno solo:
México llamó para demostrar que está cumpliendo.







