Ciudad de México, 03 de febrero de 2026.- En un contexto internacional marcado por conflictos armados, tensiones geopolíticas y disputas entre bloques de poder, el Gobierno de México reiteró su apuesta por una política exterior basada en la promoción de la paz, el multilateralismo y el respeto a la soberanía de los Estados, retomando principios históricos de la diplomacia mexicana.

La presidente, Claudia Scheinbau subrayó que México busca mantener un papel activo en los foros internacionales, particularmente en Naciones Unidas, sin asumir protagonismos unilaterales ni alineamientos automáticos. La estrategia apunta a preservar la capacidad de diálogo con distintos actores globales y a posicionar al país como un interlocutor confiable en escenarios de alta polarización.

En este marco, el gobierno expresó su respaldo a Michelle Bachelet para ocupar un cargo de alto nivel dentro del sistema de la ONU, destacando su trayectoria en derechos humanos y gobernanza democrática. La decisión fue presentada como una apuesta por el fortalecimiento de las instituciones multilaterales, más que como una afinidad ideológica, y como parte de la tradición mexicana de apoyar perfiles con reconocimiento internacional.

Asimismo, México reiteró su postura histórica en favor del fin del bloqueo económico contra Cuba, al considerar que se trata de una medida que impacta directamente a la población civil y limita el acceso a bienes esenciales. El Ejecutivo enfatizó que esta posición no busca protagonismo político ni confrontación diplomática, sino sostener un principio consistente con su actuación en la Asamblea General de la ONU y con su política de rechazo a sanciones unilaterales.

Como eje articulador de estas posturas, el gobierno reivindicó la Doctrina Estrada como fundamento de su política exterior. Dicho principio, basado en la no intervención y la autodeterminación de los pueblos, ha permitido históricamente a México mantener relaciones diplomáticas con gobiernos de distintas orientaciones sin emitir juicios sobre su legitimidad interna.

Analistas señalan que esta línea diplomática refuerza la coherencia histórica de México en el ámbito internacional y le otorga margen de maniobra en un entorno global fragmentado. Sin embargo, también advierten que la estricta aplicación de la Doctrina Estrada limita la capacidad del país para ejercer presión política frente a crisis de derechos humanos, un dilema recurrente en la diplomacia mexicana.

En conjunto, la postura delineada por el Ejecutivo busca equilibrar principios históricos, pragmatismo diplomático y participación multilateral, en un escenario internacional cada vez más volátil y confrontativo.