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Morena llega fracturado: esconden a Rocha y blindan el poder

El Congreso Nacional arranca con un ausente incómodo: Rubén Rocha Moya. Entre señalamientos internacionales, pérdida de credibilidad y control centralizado, Morena intenta simular unidad mientras redefine el poder rumbo a 2027.

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El elefante en la sala tiene nombre y apellido: Rubén Rocha Moya.

Salvo un giro de último momento, el gobernador de Sinaloa no estará este domingo en el Congreso Nacional de Morena. Su sola presencia sería un mensaje imposible de ocultar: el partido tendría que decidir si lo respalda públicamente o si toma distancia de un mandatario señalado por autoridades de Estados Unidos.

En Morena lo saben. Una fotografía de unidad con Rocha en medio de acusaciones internacionales tendría costo político, electoral y diplomático. Por eso el cálculo parece claro: mejor ausente que exhibido.

El problema es que su ausencia también habla.

El caso Rocha ya rebasó Sinaloa. Pasó de la crisis local al tablero nacional y ahora toca la relación con Washington. Por eso no todos los gobernadores morenistas están dispuestos a cargar con ese expediente. Menos cuando algunos enfrentan sus propios señalamientos, restricciones migratorias o antecedentes incómodos.

Con ese telón de fondo, Morena llega a su Congreso Nacional en uno de sus momentos más delicados: desgaste en estados clave, crisis reputacional, fracturas internas y una reorganización que busca ordenar el poder rumbo a 2027.

La cita reunirá a cerca de 300 consejeros nacionales, además de gobernadores, legisladores y miembros del gabinete. Antes del acto formal habrá un desayuno privado entre mandatarios estatales y la dirigencia. Ahí se procesará lo que no se dirá en público: quién defiende a Rocha, quién guarda silencio y quién empieza a tomar distancia.

Después vendrá la renovación de la dirigencia. Todo apunta a que Ariadna Montiel asumirá la presidencia nacional sin competencia real. Su llegada busca darle disciplina al partido, fortalecer el control territorial y mantener alineado el aparato político con Palacio Nacional.

Pero el poder real no quedará solo en la presidencia formal.

Andrés Manuel López Beltrán será ratificado como secretario de Organización, el cargo que controla estructura, territorio y operación electoral. Su primera prueba será Durango, en junio, donde Morena medirá músculo y capacidad real de movilización.

El tercer punto del nuevo triángulo será Citlalli Hernández, al frente de la Comisión Nacional de Elecciones. Desde ahí se decidirá quién compite y quién no rumbo a 2027. En los hechos, Morena camina hacia una estructura más cerrada, más vertical y más controlada desde el centro.

Ese es el verdadero Congreso: no uno de debate, sino de reparto de poder.

Morena intentará vender unidad. Habrá discursos de disciplina, continuidad y defensa del proyecto. Pero detrás del escenario aparece una crisis mayor: un gobernador bajo presión internacional, una marca política desgastada y un partido que necesita cerrar filas porque ya no puede ocultar sus grietas.

Rocha no estará en la foto.

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