Matamoros, Tamaulipas / Eagle Pass, Texas, 17 de enero de 2026.- Autoridades de Estados Unidos, bajo iniciativas de seguridad fronteriza, han colocado boyas flotantes en el centro del cauce del río Bravo (conocido como Rio Grande en EE. UU.) como parte de esfuerzos para disuadir el cruce irregular de migrantes y frenar actividades de tráfico humano y de drogas a través de puntos no oficiales de la frontera.
El proyecto implica desde Eagle Pass y en otros puntos de alto flujo migratorio, como parte de su estrategia Operation Lone Star para endurecer la frontera.
Estas boyas están diseñadas para crear una barrera física en el agua, con la intención de disuadir el cruce de personas de forma irregular por zonas donde el río es poco profundo o frecuentemente usado por migrantes.
Equipos de Estados Unidos han colocado las boyas incluso en la desembocadura del río Bravo frente a playa Bagdad en Matamoros, lo que llamó la atención de autoridades mexicanas.
Legisladores y autoridades de Tamaulipas calificaron la instalación de “ilegal y ofensiva”, argumentando que viola el acuerdo binacional de aguas entre México y Estados Unidos al alterar el cauce del río sin consentimiento bilateral.
Organizaciones ambientales y de derechos humanos han señalado que las boyas podrían exacerbar riesgos para migrantes, aumentando la peligrosidad al intentar cruzar zonas más profundas o con corrientes fuertes.
El Gobierno de México ya había presentado quejas diplomáticas formales ante Washington en años recientes, indicando que barreras como estas podrían violar tratados internacionales de aguas compartidas.
Además, se han registrado disputas judiciales en Estados Unidos entre el estado de Texas y el gobierno federal sobre si Texas tenía autoridad para instalar estas estructuras sin permiso federal.
En años anteriores, cuando se instalaron barreras similares, autoridades localizaron cuerpos de migrantes cerca de las boyas, lo que subraya los peligros que enfrentan las personas que intentan cruzar por estas zonas.
Organizaciones civiles critican que, además de posibles riesgos humanitarios, las boyas puedan afectar flujos migratorios sin atacar causas estructurales del fenómeno.





