New York, 03 de febrero de 2026.- La reciente desclasificación de más de tres millones de documentos relacionados con el caso de Jeffrey Epstein ha arrojado luz sobre una faceta hasta ahora poco explorada del difunto financista: su persistente esfuerzo por infiltrarse en los círculos de poder de Rusia y establecer un vínculo directo con el presidente Vladimir Putin.
Los documentos, publicados por el Departamento de Justicia, contienen más de 1,000 menciones al mandatario ruso y casi 10,000 referencias a la ciudad de Moscú, según reportes de medios como The Independent.
El «puente» hacia el Kremlin
Los correos electrónicos revelan que, entre 2013 y 2018, Epstein intentó desesperadamente concretar una audiencia con Putin. Para ello, presionó a contactos de alto nivel, como el ex primer ministro noruego Thorbjørn Jagland, quien mantenía comunicación con el líder ruso en su calidad de secretario general del Consejo de Europa.
En 2018, semanas antes de la histórica cumbre de Helsinki entre Donald Trump y Vladimir Putin, Epstein envió mensajes sugiriendo que podía proporcionar al Kremlin «información sobre la forma de pensar» del entonces presidente estadounidense. «Si quieren entender a Trump, hablen conmigo», fue el mensaje que intentó hacer llegar a través de intermediarios.
¿Gestor de riqueza o activo de inteligencia?
Una de las revelaciones más impactantes proviene de un informe del FBI basado en una fuente confidencial, que alega que Epstein actuaba como un «gestor de riqueza» para Putin y otras figuras internacionales. Aunque estas afirmaciones no han sido verificadas de forma independiente, han alimentado teorías sobre la profundidad de sus lazos financieros con el Este.
Además, los archivos mencionan la interacción de Epstein con figuras como Masha Drokova, una exlíder del movimiento juvenil pro-Kremlin Nashi.
El silencio de Moscú
Hasta el momento, el Kremlin ha mantenido una postura de rechazo ante estas revelaciones. La portavoz de Exteriores, Maria Zakharova, calificó anteriormente la publicación de los archivos como un ejemplo de «doble moral occidental», sin abordar directamente los intentos de contacto de Epstein con la oficina de Putin.
Aunque los documentos certifican la obsesión de Epstein por Rusia, no existe todavía evidencia concluyente de que Putin haya aceptado reunirse con él o que haya participado en sus actividades ilícitas.





